Tenía yo dieciséis años cuando comencé a trabajar. Mi primer trabajo fue
en un cibercafé en el que trabajaba un amigo, y gracias a él entré a
ese lugar. Luego de que estuvo enseñándome todo lo que debía saber por
algunas semanas, dejó el trabajo y me quedé solo por casi dos meses. En
el transcurso de ese tiempo recuerdo un día muy peculiar, cuando conocí a
un usuario llamado «g00gle_240394». El nombre me extrañó un tanto, pues
llevaba la palabra Google escrito con dos ceros sustituyendo las o, pero supuse que sólo era alguien que estaba aburrido, porque lo primero que me dijo fue, «¿Qué estás haciendo?».
Antes de contestarle miré a mi alrededor, pues el chat por el cual me comenzó a hablar era el que comunicaba los ordenadores en el cibercafé. Los clientes usaban ese chat casi nunca, sólo lo ocupaban algunos tímidos para enviar mensajes como «¿Puedo mandarte a imprimir?» o «¿Me permites usar tu baño?». Normalmente, el chat lo utilizábamos los que estuviéramos de encargados para notificar que íbamos a cerrar o alguna cosa por el estilo. El local estaba casi lleno, pero el mensaje fue enviado desde una máquina que el PC del administrador (es decir, yo) no reconocía. La ventana del chat se veía algo así:
Antes de contestarle miré a mi alrededor, pues el chat por el cual me comenzó a hablar era el que comunicaba los ordenadores en el cibercafé. Los clientes usaban ese chat casi nunca, sólo lo ocupaban algunos tímidos para enviar mensajes como «¿Puedo mandarte a imprimir?» o «¿Me permites usar tu baño?». Normalmente, el chat lo utilizábamos los que estuviéramos de encargados para notificar que íbamos a cerrar o alguna cosa por el estilo. El local estaba casi lleno, pero el mensaje fue enviado desde una máquina que el PC del administrador (es decir, yo) no reconocía. La ventana del chat se veía algo así:
Cyber Chat: Admin 02 PC: 00
g00gle_240394: ¿Qué estás haciendo?
Supuse que algún tipo listo había cambiado la configuración de su
ordenador. Si ese mismo sujeto había logrado cambiar el nombre
predeterminado del usuario, el cual en el chat debería ser algo como
«Usuario PC 01», pues entonces también era capaz de cambiar la
configuración predeterminada de su máquina. Para asegurarme, le
contesté:
«Veo q cambiaste la configuración de tu maquina, pero quien es tan tonto como para enviar un mensaje al administrador después de hacer algo así? gracias a esto ya lo note, pon todo en orden por favor, gracias».
«Veo q cambiaste la configuración de tu maquina, pero quien es tan tonto como para enviar un mensaje al administrador después de hacer algo así? gracias a esto ya lo note, pon todo en orden por favor, gracias».
Tardó un par de segundos en contestar, pero al hacerlo sólo se disculpó y
no volvió a escribir. No supe quién había sido, luego de que revisé
todas las máquinas por medio de la mía no vi ningún mensaje enviado. Tal
vez fue alguien robándose la señal, de todas formas sólo era el
encargado del local, así que no podía hacer mucho. Cuando estuve con el
dueño antes de cerrar, le comenté lo sucedido, y él me dijo que lo
revisaría y me retiré. Al día siguiente me dijo que no había ningún
interceptor en la señal, pues la única forma de conectarse era por medio
del cable de Ethernet; me refrescó la memoria diciendo que habíamos
desactivado la señal wi-fi porque varios negocios de la cuadra la
utilizaban y eso ralentizaba la red. No respondí nada, pero me quedé con
la duda.
Pasaron un par de días y ya me había olvidado de lo sucedido, pero ese
usuario volvió un día por la tarde, haciendo la misma pregunta. Esta vez
no le contesté y decidí mostrarle a mi patrón el mensaje para así poder
saber de dónde provenía. Transcurrieron aproximadamente unos veinte
minutos hasta que apareciera en el chat que el usuario g00gle_240394
estaba desconectado. En ese momento mi jefe entró al local y le dije que
viera a la pantalla; lo que le mostré fue una ventana de chat sin PC
seleccionada y en blanco, totalmente en blanco. Me preguntó la razón por
la que le había mostrado eso, pero me limité a decir, «Vaya que soy
descuidado, creo que lo cerré. Olvídelo, no era nada…».
Ese día me sentí como un tonto y pensé que lo mejor era que yo mismo
descubriera a ese sujeto. Llegué a mi casa y descargué un programa para
localizar ordenadores alrededor del mundo. Pasaron muchos días sin que
apareciera, casi dos semanas. Yo ya había instalado el programa en la
máquina del cibercafé.
Entonces llegó el día, g00gle_240394 volvió con su pregunta.
Inmediatamente busqué el programa y me di cuenta de que no estaba en
donde lo había dejado, sin acceso directo o archivos en disco; mas no me
detuve ahí —pensé que mi jefe pudo haberlo borrado, él solía borrar los
archivos sin dar previo aviso cada vez que descargaba algo y no lo
justificaba—. Busqué de nuevo el programa, pero mientras estaba
descargándolo el sujeto se desconectó… sólo que esta vez me dijo lo
siguiente antes de retirarse:
«Si querías saber de dónde soy, ¿por qué no lo preguntaste?».
Al parecer sabía, de alguna manera, que lo quería localizar. El archivo
se descargó y comencé a rastrear la procedencia del mensaje, pero casi
al finalizar la búsqueda la ventana volvió a ponerse en blanco como la
vez pasada y el programa marcó error. No me di por vencido y lo guardé
en una USB, de esa forma no correría el riesgo de perder el programa de
nuevo.
Él volvió a escribirme justo al día
siguiente. Sabía cómo funcionaba el programa, así que decidí
entretenerlo mientras terminaba de buscar. Hizo la misma pregunta:
«¿Qué estás haciendo?».
«Trabajo, q me dices tú???».
«Interesante, ¿acaso trabajas en un cibercafé?».
«Como lo sabes???».
«Tienes internet, estás conectado todo el día. Si estuvieras en una
oficina o algo similar, no podrías tener acceso a la red tan
constantemente. ¿Acaso crees que te estoy espiando?».
«Nada d eso, simple curiosidad, tu q me cuentas, aun no me respondes».
El programa estaba por terminar, cuando él dijo lo siguiente:
El programa estaba por terminar, cuando él dijo lo siguiente:
«Nada… Oye, lo siento. Me tengo que ir. Pero por si te aburres, o aún quieres saber en dónde estoy, revisa este enlace: http://archives/map/register_ssxa44a2gghdfg12/g00gle_240394».
El programa marcó error de nuevo, pero, al parecer, el sujeto era o
torpe o quería jugar conmigo, tal vez confundirme. Entré al enlace por
curiosidad, y porque supuse que mis intentos por localizarlo seguirían
fallando. Mi sorpresa no fue mucha, pues el enlace conducía a una foto
de la calle en donde se encontraba el cibercafé, sólo que ésta se veía
distinta. Creí que él la pudo modificar o que era la misma calle antes
de que yo la conociera. Cuando mi jefe llegó para cerrar, pensé en
mostrarle la imagen, pero no pude ubicarla; busqué en el historial sin
ningún éxito. Mi jefe no dijo nada, sólo me miró extrañado por mi
comportamiento.
Al otro día, luego de que mi jefe se hubiera ido, g00gle_240394 comenzó a
chatear conmigo. Esta vez intenté sacarle alguna respuesta.
«Hola amigo, ¿qué tal tu día?».
«Pues apenas empieza, en donde estamos, según tu foto de ayer, apenas
son las…», antes de que terminara de escribir, él mandó un mensaje:
«Quieres decir q vienes del futuro o algo así???».
«9».
«¿?», le escribí.
«Son las 9, 9:03 a.m., para ser exactos».
«Bueno mi reloj dice q son las 9:00 a.m. pero son solo minutos d diferencia».
«¿Y qué tal si fuera más que eso?».
«A q t refieres???»
«¿Recuerdas la foto? Creo que no podrás seguir trabajando aquí por mucho».
«Quieres decir q vienes del futuro o algo así???».
«Es una forma de decirlo».
«Cual es tu nombre real???».
«Google».
«Aha y yo me llamo Wikipedia jajajajaja», le respondí cínicamente.
«No, tu nombre real es Guillermo, pero prefieres que la gente te llame Dracko».
En ese momento no me asusté, si el tipo era un gran informático (algo de
lo que no me cabía la menor duda) pudo haber averiguado eso gracias a
la infinidad de redes sociales y otros sitios a los que me he
registrado. Entonces le dije:
«Veo q eres bueno para esto, debes ser un Hacker, si es así, por q
sigues a alguien como yo y no a la CIA o el FBI, no sé, podrías cambiar
las acciones d FaceBook a tu favor, por q me sigues a mi???».
«Sencillo, porque el dinero no me es útil; ¿para qué lo quiero si no lo
necesito? En cambio, si logro encontrar a alguien que me ayude, como tú…
eso podría servirme más que el dinero».
«Quieres decir q necesitas a alguien… Para???».
«Una página, una que pueda ser constantemente visitada. Tal vez varias
páginas. Creo que me serviría alguien como tú para esto, tienes el
tiempo libre suficiente para ayudarme, además de que busco a alguien en
particular, y tú lo localizarás más rápido que yo».
«Paginas, solo eso, por q no hackeas una ya existente???».
«Porque ya son mías, cualquier página que te llegue a la mente; y no
sólo eso, los dueños de esas páginas son personas como tú, a las que
también contacté y las volví ricas y poderosas. Digamos que soy el dueño
de esos seres».
«Acaso estas Trolleandome??? Q sigue, dirás q eres el diablo y estas
consumiendo almas, por eso FB y YouTube son tan conocidos, por q los
creadores vendieron sus almas y ahora tienen lo q querían».
«No lo mal interpretes, no tengo nada que ver con algo sobrenatural. Te
lo dije antes, soy Google, ¿acaso eso no te suena familiar?».
«Demuestralo viejo…».
«Vaya, se nota q eres google ¬¬…».
«Sé tus contraseñas, las biografías de tus páginas, con todas las
modificaciones que les has hecho. Sé todo lo que has llegado a registrar
entrando a mí, tu historial, incluso el eliminado. Mira esto,
incrédulo… http://archives/map/register_ssxa44a2gghdfg12/g00gle_240394».
Entré al enlace y éste llevaba a la misma imagen del día anterior, lo
que no demostraba absolutamente nada; aún seguía creyendo que era un
hacker troll sin nada más que hacer, pero mi curiosidad era grande, y no
detuve la conversación:
«Bien “Google” y q es lo q hare por ti???».
«Sencillo, revisa esto: http://hiawfgfhjy518ss1ffg4d5f121fd8g7s».
Era un enlace que llevaba a una página vacía de fondo negro, nada especial. Entonces le pregunté:
«Q con esto???».
«Necesita algo relevante, ¿no lo crees? Tal vez una imagen, algo como
esas ventanas emergentes. Puede ser un enlace troll como Ooskar o
Goatse.cx, algo que haga que la audiencia trabaje por sí sola».
«Por q no subes tu imagen alterada, la d esta calle???».
«Buena idea, pero no puedo usar el registro de esa imagen hasta que suceda».
«Suceda???», pregunté algo impactado. «Q debe suceder???».
«Lo que ves en la foto, su registro será el día miércoles de la semana
que viene. De hecho, a la imagen la subirán desde tu cibercafé; es una
fotografía tomada con un Sony Ericsson W580. Ésta será tu evidencias,
así sabrás que yo soy Google, mientras tanto, me retiro. Pasado este
suceso te contactaré, exactamente a las 4:22 p.m., para acordar lo que
se subirá a nuestro sitio».
Mi amigo navegador se desconectó y me dejó pensando. La curiosidad de
saber qué pasaría era grande en mí, así que esperé a ese miércoles.
Habíamos cambiado la ubicación del cibercafé hace dos o tres días,
apenas comenzábamos a trabajar de nuevo cuando llegó mi jefe a mostrarme
algo; era la foto de la que había hablado con g00gle_240394. Mi jefe me
contó que tuvimos mucha suerte, pues hace un par de horas, hubo un
accidente en la calle en la que trabajábamos anteriormente. Un tráiler
de combustible se volcó y esto ocasionó una fuerte explosión. Mi jefe,
emocionado, me pidió que me moviera de la máquina; vi lo que estaba
haciendo, y él estaba subiendo la foto, para después publicarla en sus
redes sociales contando lo sucedido y la suerte que tuvo al irse de ahí.
Eran las 4:20 p.m. y mi jefe seguía en la máquina, y pensé que él al
fin lograría ver a g00gle_240394. Esto me alegró, pero de un momento a
otro recibió una llamada, desconectó su teléfono del ordenador, el cual
era exactamente un Sony Ericsson W580, y atendió la llamada. Colgando me
dijo que ya se iba. Faltaba sólo un minuto, por lo que le pedí que
esperara, pero me contestó que no podía, que se tenía que ir
urgentemente, y luego de que abandonó el establecimiento, el mensaje
llegó. Le grité y le pedí que volviera, pero me dijo que fuera lo que
fuera, tendría que esperar.
Miré el mensaje, era de g00gle_240394, y decía:
«Hola de nuevo. El gran día llegó».
A decir verdad, me pareció extraño que lograra localizarme, tal vez
haber cargado la imagen fue lo que delató mi ubicación, pero eso era lo
de menos. Él había acertado en cuanto a lo sucedido, la fotografía era
exactamente como la recordaba. Al ver que tardaba en responder, mandó
otro mensaje.
«¿Acaso no te alegras de conversar conmigo de nuevo?».
«No es eso», le dije. «Es solo que no me lo esperaba, bueno, tal vez en
algun sentido lo esperaba, mas no estaba seguro de que volveriamos a
estar en contacto…».
«Entonces, ¿estás listo?».
«Supongo, d q se trata?».
«¿Sabes lo que significa el término snuff?».
«Si, eso, lo paranormal y el gore son muy famosos en la red, claro despues d la porno…».
«Sí, eso pensé. Sé que has llegado a curiosear sobre todos esos términos, así que espero que estés listo para lo siguiente: http://hdakdfuyrkfisd2654gsaafd1f5dfsdfds5fds4fdf4ds5f4d5f4d5f».
Entré al enlace…, pero esta vez era algo más fuerte. Esta vez me
sorprendió ver al que parecía ser mi jefe, muerto; pero no sólo había
sido asesinado como en cualquier homicidio, ésa parecía la obra de un
psicópata sanguinario. No pude mirar la imagen por mucho tiempo, la
cerré casi de inmediato y le exigí que me diera una explicación.
«Es lo que quiero en nuestra página».
«No entiendo, debo fotografiar a un muerto y subir la imagen???».
«Algo así, pero no es tan sencillo…».
«No entiendo…».
«Tú eres quien debe asesinarlo».
«COMO?!?!?!».
«No hay más explicaciones, sé que lo harás».
«Y q si me niego???».
«No hay vuelta atrás, pues ya sabes de lo que se trata. Tu cuenta está
hecha, y ahora debes hacerlo si no quieres que tu registro sea dado de
baja, o que nuestra página tenga algo así, como… ¡TÚ en el lugar de ese
cadáver!».
«Jajajajaja… esto es estúpido, no se por q t sigo el juego, vete al diablo!!! .l.».
Cerré la conversación y llamé a mi jefe. Le dije que teníamos problemas
con la luz, que se había ido y no volvía, a lo que él respondió con que
cerrara en veinte minutos si no regresaba. Entonces cerré y me fui de
ahí, no esperé que el tiempo pasara, sólo esperé los veinte minutos una
vez afuera para poder marcarle y decirle que iba a cerrar.
Estaba en mi casa y aún pensaba en la imagen y en esas tan extrañas conversaciones… Por la noche no pude dormir.
Al día siguiente llegué al trabajo algo tarde, estaba desvelado y aún
seguía un poco asustado por lo sucedido. Hablé con mi jefe para
informarle que no podía seguir trabajando ahí; me preguntó por qué, pero
sólo le mentí diciendo que era por mis estudios. Aceptó, pero me pidió
que me quedara un par de días más para darle la oportunidad de encontrar
a alguien que me reemplazara. Sin más remedio, me quedé. Él estuvo
conmigo todo el día, así que no supe nada de g00gle_240394 en el
transcurso de éste.
Pasaron dos días más sin saber nada de g00gle_240394, pero aún seguía
teniendo insomnio y terrores nocturnos. Sentía que me volvía paranoico,
en especial cuando mi jefe salía o me dejaba solo.
Ese día llegó una chica que venía por el empleo, era una chica linda,
simpática y amistosa; jamás olvidaré cómo era ella antes, ese día que la
conocí. Se llamaba Victoria, pero le gustaba que le dijeran Vicky. El
mismo día le enseñé lo que debía hacer, pero no podía dejar de actuar
como un maldito loco, me desconcentraba con facilidad y no podía
hablarle tranquilamente. Me sentía nervioso, sentía que algún mensaje
llegaría. Eso me hizo recordar que cuando comencé a trabajar en el
cibercafé, mi amigo, que estaba en el puesto antes que yo, actuaba de
una manera semejante, quizá porque él también había sido acosado por
Google. Éste le pidió que hiciera algo que no quería, y mi amigo
abandonó el lugar.
Cuando terminó nuestra jornada laboral nos fuimos juntos, y esta chica,
algo preocupada, me preguntó si me encontraba bien, a lo que sólo le
comenté:
—¡Nunca, nunca…! ¡Escúchame con atención, jamás hables con alguien que
no conozcas por chat, no lo hagas; Google te buscará y, una vez dentro,
no habrá salida!
Luego de que dije eso, salí corriendo y me dirigí a mi casa. Estando ahí
traté de localizar a mi amigo; comencé vía internet, pero no encontré
sus antiguas cuentas en redes sociales, páginas de juegos ni correo
electrónico, era un fantasma en la red. Mientras estaba buscándolo, pasó
lo esperado. Un mensaje llegó, pero esta vez él sólo dijo algo y se
desconectó. Lo que decía el mensaje era:
«Más vale que lo hagas, no corras el mismo destino que g00gle_010692: http://archive/g00gle_010692/fg1f5g4fgfd5g4sd8f4eq65f78ef4».
Mi curiosidad me llevó a una respuesta. El enlace me condujo a una clase
de perfil de mi amigo. Anoté el número de su celular y apagué el
equipo, pues no pensaba quedarme a esperar a que otro mensaje llegara.
Marqué el número un par de veces, sin obtener respuesta. Justo cuando
dejé de marcar y estaba a punto de irme a la cama, una llamada entró.
Contesté y era mi amigo, el cual me preguntó sólo una cosa:
—Dracko, ¿eres tú?
—Sí, soy yo viejo.
No sé cómo supo que era yo, pero no dudé en preguntarle si nos podíamos ver. Aceptó y acordamos un punto.
Al día siguiente me encontré con mi amigo, el cual lucía tranquilo,
transmitiéndome la idea de que no pudo pasarle nada de lo que a mí me
estaba pasando. Él comenzó la charla.
—Cuánto tiempo, vaya, apenas y me acordaba de ti. ¿Cómo has estado?
—Cuánto tiempo, vaya, apenas y me acordaba de ti. ¿Cómo has estado?
—Bien, yo… —No quise hacer más rodeos y fui al grano—. Viejo, ¿qué sabes de un usuario llamado google guion bajo 24, 03, 94?
Su cara se puso pálida, y sólo me dijo:
—Me tengo que ir, fue un error venir a verte, tengo que trabajar…
—No, espera, necesito respuestas. Ese usuario me está acosando,
amenazando y, por lo visto, lo conoces. Dime qué es lo que sabes, por
favor.
Estaba a punto de retirarse, estaba de espaldas, y me contestó con lo siguiente:
—No sé por qué olvidé mencionar eso cuando tomaste mi empleo, pero ahora lo siento, en serio, por segunda vez… Por ti…
—¿A qué te refieres? —pregunté curioso.
—Lo siento, pero creo que para remediarlo puedo terminar lo que empecé ese día, antes de que ellos vuelvan…
Una mirada psicópata y una sonrisa demoníaca se dibujaron en su rostro.
Entonces se lanzó hacia mí gritando que en serio lo sentía. No supe qué
hacer, sólo intenté defenderme; pero cuando estaba sobre mí y yo estaba
en el suelo, un extraño sujeto encapuchado se acercó a nosotros y golpeó
fuertemente a mi amigo, quitándomelo de encima. Lo escuche decir:
—Tu tiempo se acabó, es hora de cerrar sesión.
Una vez que estuve libre intenté escapar, pero escuché un tremendo grito
desgarrador y, al voltear, vi a mi amigo pidiéndome ayuda; el sujeto
encapuchado lo había atravesado con un fierro, con el cual después lo
golpeó frenéticamente. Sólo fui capaz de seguir huyendo, y cuando empecé
a correr, un mensaje llegó a mi celular. Era Google nuevamente, me
había enviado un mensaje, que decía:
«Vuelve y tómale una fotografía, sólo eso. Te he facilitado el trabajo, ¿no lo crees?».
No recuerdo bien qué fue lo siguiente que hice ese día, pero al día
siguiente cuando logré reaccionar, estaba en la ducha. Salí y un mensaje
estaba en mi celular, éste tenía un número que, según decía, era una
cuenta bancaria en donde podría cobrar lo ganado por la fotografía.
Decidí ignorarlo y apagué el celular… sólo quería olvidarlo todo.
Pasó un año, pensé que ya había acabado para mí, pero sólo lo había
ignorado por un largo tiempo. Había dejado de utilizar teléfono celular
con cualquier servicio de internet, borré mis cuentas de cualquier
servicio en línea y me alejé de la web en cualquier aspecto desde ese
día. No había olvidado por completo lo sucedido, pero al menos intentaba
no recordarlo. Un día, sin embargo, en mi nuevo trabajo en un
supermercado —uno de esos que abren las veinticuatro horas del día—, vi a
Vicky. Eran alrededor de las dos de la madrugada. Sabía que era ella,
jamás olvidaría a nadie involucrado en ese maldito evento. Vicky se veía
más demacrada y muy alterada, no era la chica que yo recordaba. Entró
al lugar y me miró fijamente, para luego decir:
—Al fin te encuentro…
Su cara estaba pálida, tenía unas ojeras tremendas y simplemente se veía
devastada; su voz sonaba entrecortada y débil. Preocupado, le pregunté:
—¿Qué sucede…, por qué me buscabas?
No entendí bien lo siguiente que dijo, pues se desplomó en el piso, desmayada. Lo que creí entender fue… «Google»…
La llevé a mi auto y la recosté ahí, y pedí permiso para irme. Llegué a
casa, recosté a Vicky en mi cama y yo me quedé en el sofá. No podía
conciliar el sueño, todas esas memorias llegaban a mi mente una y otra
vez, nuevamente, sin dejarme en paz. Decidí leer algo para ignorarlo,
desde que me había alejado del internet solía leer regularmente novelas
de misterio y cosas de detectives; me gustaba distraerme con eso, pues
con los libros me sentía seguro. Apenas comenzaba a leer cuando escuché a
Vicky gritar. Corrí a mi habitación y miré a todos lados; ella estaba
sola, pero me dijo con voz débil que necesitaba mi ayuda. Aún tenía
dudas sobre por qué me estaba buscando, así que le pregunté:
—¿Por qué dices que me buscabas?
—Ellos vendrán por mí. Me dio curiosidad saber quién era ese sujeto que
me hablaba por el chat… debí haberte hecho caso. Él me dijo que ahora no
habría salida.
—¿Salida de qué?
—Ahora… debo asesinarte, o ellos me mataran a mí.
—Dime que tú no…
Me sorprendió lo que escuché, pero decidí ayudarla, pues supuse que ella
también se había involucrado con Google. Le pregunté más, pero sólo me
mostró una foto con su celular y se quedó dormida, estaba débil y
necesitaba descansar. Miré la foto y me sorprendió, era una de un
homicidio similar al de la foto que yo recibí. Era yo, sólo que me veía
muerto en un sentido más… tranquilo, ya que sólo se podía apreciar una
porción de mi cuerpo con un agujero de bala en la frente, algo más
práctico que la última vez. El nombre del archivo era «http://user_g00gle_240394_29_april_2012/fghfd1g4g56df2d1f2a4ff4af1d2/log_out».
Miré la URL un rato y me percaté de algo que no había notado en otros
enlaces enviados por este asesino: estaba escrita lo que parecía ser una
fecha. No podía dormir, no dejaba de mirar a Vicky, en lo único que
pensaba era en que sería asesinado. Me senté en el piso, y después de un
rato de lectura e incómodos pensamientos, logré dormir.
Un olor nauseabundo me despertó. Estaba recostado en mi cama, y ésta se
encontraba bañada en sangre. Me volteé y vi a lo que parecía ser Vicky
acribillada. Sus órganos estaban esparcidos por toda la habitación, al
igual que su sangre. Cuando logré salir del shock me levanté rápidamente
de la cama y noté que su celular estaba en mis manos. Tenía puesta una
dirección que me recordó mucho a lo que Google llamaba «nuestra página»,
sólo que la URL se parecía a la del día anterior, con un pequeño
cambio: «http://user_g00gle_240394/change/g00gle120393_03_april_2012/fghfd1g4g56df2d1f2a4ff4af1d2/log_out».
Había otro «google» con números escrito ahí. Decidí ver la página y ésta
solamente contenía un video sin título. Lo reproduje, la calidad era de
no más de tres pixeles. Supuse que g00gle_240394 lo había editado para
que se viera más tenebroso, pues al comenzar se veía a la silueta de
alguien con un cuchillo acercándose a la cámara y comenzando a rondar el
cuarto. No logré ver mucho hasta que encendió una pequeña luz, tal vez
una lámpara; en cuanto esto sucedió descubrí que era mi cuarto.
Enfocó la cama en la cual se encontraba Vicky, pero no estaba dormida,
ella estaba despierta, atada a la cama y amordazada. La silueta se
acercó y, en un acto al estilo Guinea Pig: Flowers of Flesh and Blood,
enfocó una pequeña mesa que tenía en mi cuarto, sobre la cual había un
mantel, una charola y varios utensilios de uso cotidiano, asemejándose
grandemente a esas mesas que los cirujanos utilizan para colocar sus
herramientas. Sabía exactamente lo que sucedería, pues el cadáver de
Vicky ahora se encontraba en mi cuarto.
El video continuaba, el sujeto que grababa hacía que pareciera que el
espectador era quien estaba haciendo todo, como una clase de video en
primera persona. Tomó un desarmador con una mano, se acercó lentamente a
Vicky, acarició su pierna y con un violento movimiento lo clavó en su
pierna; grabó su rostro, podía apreciarse el dolor en ella y apenas se
escuchaban sus gritos y gemidos. Volvió a la toma del desarmador y
comenzó a retorcerlo dentro de su pierna, y luego lo sacó y volvió a la
mesa, de la cual tomó un cuchillo de cocina común y corriente. Se acercó
nuevamente a Vicky y esta vez no la lastimó, sólo utilizó el cuchillo
para desgarrar su ropa.
La siguiente escena fue algo tan sumamente enfermo, que la única forma
en la que podría describirla, es diciendo que esta escena parecía sacada
de la película A Serbian Film. El sujeto puso la cámara en un
lugar donde pudiera grabarse lo que hacía claramente. Durante unos
veinte minutos, aproximadamente, violó a Vicky, pero eso no fue nada.
Después de ese tiempo, el sujeto comenzó a acuchillarla en sus
extremidades de modo que sólo la hería sin matarla, y de un momento a
otro, se detuvo; Vicky lloraba, y se vio al sujeto levantarse
tranquilamente y salir de escena, para después entrar con una licuadora.
La conectó y la encendió, entonces introdujo la mano de Vicky y la
destrozó por completo, pudiéndose ver cómo la sangre y trozos de carne
desechos volaban por la habitación.
La agónica escena se cortó y se vio un ángulo distinto, como si alguien
más grabara. Se veía el brazo de Vicky, el que no fue dañado por la
licuadora, y una segueta comenzó a hacer un corte brusco en él; Vicky
intentaba zafarse, pero ese forcejeo inútil sólo causaba que el sujeto
hiciera varios cortes adicionales en su brazo. Cuando estaba a punto de
cercenarlo, ella lo arrancó de un jalón y se escuchó un grito tremendo; a
pesar de que estaba amordazada, los gemidos eran fuertes y me hacían
sentir el dolor que ella sintió.
El video comenzó a fallar, y luego de unos segundos la toma se recuperó,
sólo que esta vez Vicky ya estaba muerta y totalmente desecha, era sólo
un tronco sin forma alguna en su rostro y desgarrada de cualquier otra
parte. La toma se veía borrosa y se adelantaba sin razón alguna, para
después regresar a donde nos habíamos quedado. En esta toma Vicky ya no
estaba amordazada, y lo poco que le quedaba de brazo estaba desatado.
Parecía que ella se quitó la mordaza como pudo, pues su cara estaba
llena de sangre. Con voz débil pedía clemencia, que la dejara ir, sólo
lloraba y rogaba por ser liberada. En esta toma la calidad había subido
impresionantemente, como si una cámara profesional hubiese grabado sus
últimas palabras. La toma hizo un corte rápido, y la siguiente escena
volvió a ser de una calidad baja y aspecto turbio. A pesar de que no
quería continuar viendo, el morbo no me dejaba reaccionar.
Para empezar, la escena tenía un ángulo poco apreciable, y se oían
gritos, como si la tortura se hubiera vuelto sumamente sádica. Se podían
ver ligeras salpicaduras de sangre y se escuchaba algo así como un
motor o una máquina escandalosa, y sonaban herramientas cayendo al
suelo, un caos total. Lo único que se podía ver con la pobre iluminación
era un par de siluetas peleando, pero cuando la imagen se volvió clara,
la cámara cayó al suelo y sólo se veía la toma de unos pies. En esa
toma vi caer lo que parecía ser una pierna cortada, un par de entrañas y
mucha sangre. Entonces un pie del atacante pisó la cámara y ésta se
quedó filmando estática por aproximadamente unos diez segundos.
El video se cortó y se puedo ver al sujeto que hizo todo vistiendo una
capucha. Lo primero que pensé fue que ese extraño sujeto era Google,
pero no pude verlo bien, la capucha lo cubría y apenas había un poco de
luz en la toma. Esta escena entrecortada del asesino duró poco más de
unos segundos. El video terminaba ahí, se cortó bruscamente y la página
se cerró de manera automática. Una sensación escalofriante recorrió todo
mi cuerpo. Miré a Vicky y sólo comencé a llorar. Entonces recibí un
mensaje en su celular, que decía:
«Hola de nuevo».
Era Google. Decidí contestarle, diciéndole:
«¿Cómo pudiste hacer esto? Pensé que me habías dejado en paz, ¿por qué
le hiciste esto a Vicky? ¡Ella no debía estar involucrada!».
«Lo sé, pero ella se involucró y le tocó perder. Deberías dar gracias de
que aún seguimos activos; es decir, ella simplemente cerró sesión en su
vida mortal, pero estará conmigo para siempre, su video la ha
inmortalizado».
«¡¡¡MALDITO ENFERMO!!!».
Dije eso y apagué el celular. Salí de la habitación y decidí irme de
ahí. Tenía que investigar lo que estaba pasando, quién era Google en
realidad y por qué aún me involucraba en esto después de tanto tiempo.
Los libros que había leído todo ese tiempo me dieron ideas de cómo
investigar sin involucrar a la policía, pues si lo hacía ellos pensarían
que fui yo quien mató a Vicky y quien cometió el asesinato de mi amigo.
Hice una pequeña maleta con algo de ropa y sólo llevé mi laptop, a pesar
de que había pasado tanto tiempo desconectado, pues tenía otras
intenciones aparte de sólo investigar. Por último, tomé las llaves de mi
auto, y me fui.
Conduciendo llegué a las afueras de la ciudad. Había un hotel, esos que
están a la mitad de las carreteras, que sólo tienen cuartos básicos y no
cobran mucho; era un lugar perfecto para ocultarme mientras averiguaba
quién era este asesino. Renté una habitación por un tiempo y comencé mi
investigación. Google empezaba a hastiarme, hablaba de nuestra página y
del dinero que estábamos ganando. No contesté nunca, pero él insistía y
hacía distintas preguntas, como si ya no me importaba esto o si le
ayudaría con lo siguiente. Pude ignorarlo por casi una semana, pero mi
estado mental me estaba llevando demasiado lejos, ya debía dinero al
hotel, y mi trabajo, aunque no lo quisiera, seguramente lo había
perdido. Fue entonces cuando tomé medidas drásticas: esperé a que Google
se conectara y le pedí mi cuenta bancaria. Él accedió de inmediato, y
la apunté y fui a un banco. Una vez ahí traté de retirar dinero de la
supuesta cuenta, pero no había registro de ella. Siempre pensé que era
una mentira, y por esa razón no me molesté, pero al volver a casa,
Google me había escrito. El mensaje decía:
«¿Eres estúpido? Si querías retirar el dinero me lo hubieras dicho, yo
mismo lo haré por ti. No vuelvas a involucrar a nadie más en esto,
podrían saber de mí. Y aparte, ¿cómo un niño de diecisiete años va a
retirar dinero así como así?».
Leí eso y escuché la puerta. Al abrir,
era un sujeto con un paquete. Me lo entregó y me pidió mi nombre para
registrarlo como recibido, pero le dije que no esperaba paquetes. Luego
me preguntó todos mis datos, los cuales estaba leyendo desde una hoja
que describía la entrega. Todos los datos eran reales, pues hasta la
ubicación actual —el hotel— la tenía indicada en esa hoja. Decidí tomar
el paquete y me pidió escribir mi nombre de nuevo. Cuando comencé, me
dijo:
—No señor, su nombre de usuario, por favor.
—¿Usuario? —le pregunté extrañado.
—Como ejemplo, mire el mío.
Miré lo que llevaba bordado en su playera. Me dejó en shock, porque lo que decía era «g00gle_301193».
Me hizo reaccionar y me pidió nuevamente mi nombre de usuario. Le dije que no sabía de lo que hablaba.
—Ambos sabemos que eso es mentira, usted cuenta con un nombre de usuario otorgado por alguien que también ya debe conocer. ¿Acaso acaba de iniciar sesión?
Sólo escribí lo primero que me llegó a la mente, «g00gle_240394». El sujeto me dio las gracias y se retiró.
Estaba mirando el paquete, no quería abrirlo, esperaba encontrarme con la cabeza humana de algún familiar o tal vez un video de otro homicidio. Decidí ponerlo en la mesa y no lo abrí en todo el día.
No dejaba de pensar en lo que ese tipo había dicho, «nombre de usuario»… En ese momento volvieron a tocar la puerta. Antes de abrir me asomé por la mirilla; era el dueño del hotel. Lo hice pasar y me dijo que tenía que pagarle la renta o si no me echaría de ahí. Conversé con él y lo convencí de no echarme, le dije que tendría el dinero pronto, que no podía dejar que me echara. Justo cuando cerré la puerta y encendí la máquina, vi un mensaje de Google:
«Abre el paquete, es tu parte. Espero que sea suficiente».
Me hizo reaccionar y me pidió nuevamente mi nombre de usuario. Le dije que no sabía de lo que hablaba.
—Ambos sabemos que eso es mentira, usted cuenta con un nombre de usuario otorgado por alguien que también ya debe conocer. ¿Acaso acaba de iniciar sesión?
Sólo escribí lo primero que me llegó a la mente, «g00gle_240394». El sujeto me dio las gracias y se retiró.
Estaba mirando el paquete, no quería abrirlo, esperaba encontrarme con la cabeza humana de algún familiar o tal vez un video de otro homicidio. Decidí ponerlo en la mesa y no lo abrí en todo el día.
No dejaba de pensar en lo que ese tipo había dicho, «nombre de usuario»… En ese momento volvieron a tocar la puerta. Antes de abrir me asomé por la mirilla; era el dueño del hotel. Lo hice pasar y me dijo que tenía que pagarle la renta o si no me echaría de ahí. Conversé con él y lo convencí de no echarme, le dije que tendría el dinero pronto, que no podía dejar que me echara. Justo cuando cerré la puerta y encendí la máquina, vi un mensaje de Google:
«Abre el paquete, es tu parte. Espero que sea suficiente».
Abrí con miedo el paquete, pero sólo era una cámara. La reconocí de
inmediato, era la cámara que había comprado tiempo atrás; estaba sucia y
llena de algo que parecía ser sangre. No me preocupé por eso y vacié la
caja, encontrando también una pistola y un sobre con una tarjeta de
débito. Realmente necesitaba el dinero, así que la tomé y salí a un
cajero.
Eran las once de la noche, llegué a un cajero y, al mirar la cantidad
que la cuenta de la tarjeta tenía, casi no lo creí: tenía más de medio
millón de pesos. Sólo retiré lo necesario para pagar el hotel y regresé,
le pagué al dueño y me fui a mi cuarto. La laptop seguía encendida, y
como si supiera que había regresado, Google me escribió nuevamente.
«Veo que estás más relajado ahora».
«Supongo, pero aún debo saber… ¿quién diablos eres tú?».
«Buena pregunta, pero ¿por qué no te
evitas la fatiga y vuelves a la escena del crimen? Ahí puedes obtener
respuestas, ¿no lo crees?».
Tenía razón, salí tan rápido de ahí que jamás me di el tiempo de
observar con atención. No escribí nada más y fui en dirección a mi
antiguo departamento. El olor se había vuelto penetrante, sólo abrí la
puerta y mi estómago se revolvió a tal grado que me ocasionó el vómito.
Soporté el hedor y comencé a explorar el sitio; aún estaba el cuerpo de
Vicky, su celular… todo como lo recordaba. Pero después recordé la
cámara, la que venía en el paquete. ¿Cómo pudieron entregármela si ésta
debería seguir por aquí arrumbada? Encendí mi laptop y Google estaba
listo para chatear:
«¿Qué dices, tus inútiles libros no te enseñaron nada?».
«No es eso, sé que tú eres quien hizo esto, vi a un encapuchado cuando
murió mi amigo, ese mismo sujeto aparece en el video. ¿Por qué no das la
cara? Sé que eres tú…».
«Y entonces… ¿por qué usas la misma capucha?».
«¿Qué dices?», pregunté asombrado. «¿Qué maldita capucha?».
«Entre tus cosas, ahí la encontrarás. ¡Busca bien, Sherlock!».
No dijo nada más y se desconectó. Volví a mi habitación y busqué
desesperadamente; grande fue mi sorpresa al encontrar entre mi ropa la
capucha de la que Google hablaba. No podía creerlo, no podía ser cierto.
¿Entonces por qué veía a otros sujetos? No busqué respuestas en ese
momento, sólo salí y deposité un mes de renta en mi antiguo departamento
para evitar que alguien sospechara e intentara entrar. Volví al hotel,
en ese momento el dueño me detuvo, y me cuestionó:
—¿De dónde sacaste el dinero, hijo? No tenías nada, y en un par de horas
saliste y conseguiste el efectivo. Dime la verdad, ¿a qué te dedicas?
No contesté, ni siquiera lo miré, simplemente caminaba hacia mi cuarto.
Una vez en la puerta, busqué mis llaves para abrir, pero él seguía
haciendo preguntas:
—Vamos, dime, ¿acaso eres ladrón? Si no me contestas me veré obligado a llamar a la policía.
Eso me asustó, así que sólo abrí la puerta y la cerré con llave. El
dueño seguía tocando y gritando, y luego se fue diciendo que iría por la
policía. Lo único que pensé fue en contactar a Google, pero no sabía
cómo localizarlo y estaba desconectado. Me desesperé, no sabía qué
hacer, ahora estaba solo. Tal vez comencé a volverme loco y aluciné
todo, en el mejor de los casos, nada de esto había pasado.
Miré a mi alrededor y el cuarto en el que estaba, la ropa que traía, y…
me recordó la imagen de mi muerte. Hasta tenía con qué dar el disparo.
El arma a la que no le había tomado importancia estaba en el paquete,
pero cuando la tuve entre mis manos, llegó un mensaje, una URL. La abrí,
esperando en ella una salida. Era nuestra famosa página, en ésta había
una imagen de un hombre con un par de tiros en el cuerpo y unos cuantos
golpes. Al ver bien la foto, vi que ese cuarto me era familiar, era el
cuarto en el cual residía el dueño, su cabina. Podía ver el mostrador y
al dueño ahorcado con su teléfono… Tomé la cámara del paquete y preparé
el arma, bajé las escaleras y, cuando llegué, actué de manera
inconsciente. Lo poco que puedo recordar es al dueño con el teléfono en
la mano preguntándome qué hacía, que llamaría a la policía.
Al día siguiente amanecí en la carretera, recostado en el asiento
trasero de mi auto y en medio de un camino distinto. Estaba tapado con
la capucha negra, fue entonces cuando comencé a aceptar que, en
realidad, era yo el asesino. Pero no podía creerlo aún, después de todo,
pude ver a más encapuchados, no era el único. El sujeto que me entregó
el paquete, mi amigo y Vicky, ellos también se habían involucrado.
Mi laptop estaba encendida y la cámara conectada, un video acababa de
ser subido a nuestra página, junto con la imagen que había visto el día
anterior. Reproduje el video para refrescar mi memoria.
Comenzaba conmigo grabando lo último que recordaba, el dueño del lugar
junto a su teléfono, amenazando con llamar a la policía. Me le acercaba
lentamente, grabando con la cámara frente a mí. Luego coloqué la cámara
en el mostrador y ésta enfocaba sólo una parte de nuestro abdomen. Se
escucharon amenazas y gritos por parte del dueño del hotel, después hubo
un forcejeo por la bocina del teléfono seguido de un golpe hecho con la
misma. Al alejarnos un poco de la cámara pude ver una toma más amplia,
al menos se nos veía del torso para arriba. El dueño estaba sangrando de
la cabeza, tenía una pequeña herida, se le escuchaba amenazar y en su
cara se apreciaba el terror. Comenzó a retroceder poco a poco, y al
intentar escapar tiró la cámara, permitiéndome ver ahora desde un ángulo
que mostraba de los pies hacia arriba. Me podía ver ahorcando al dueño
con el cable del teléfono, para luego soltarlo tras unos segundos y
dejarlo caer al suelo, justo encima de la cámara. Estaba sobre sus manos
y rodillas, se pudo ver cómo tomó la cámara e intentó huir con ella, y
mientras se veían varias tomas de él corriendo, se oyó un disparo. Cayó y
la cámara grababa al dueño viéndome caminar poco a poco hacia él.
La toma se cortó, para ser retomada con el dueño sentado en el piso de
su cabina. La cámara volvió a ser posicionada en el mostrador; esta vez,
el hombre estaba sudando y sangraba, el cable del teléfono estaba
alrededor de su cuello, y lloraba, pidiendo débilmente que lo dejara ir,
que no lo matara; pero el cable alrededor de su cuello se apretó y él
comenzó a forcejear para liberarse. Se podía ver cómo moría lentamente,
y, justo cuando parecía que ya no tenía fuerzas para seguir luchando,
varios disparos terminaron con su dolor. La cámara se movió, grabó mis
pies y luego el video terminó.
Google me escribió en ese instante.
«Bien hecho, al fin aceptaste tu objetivo. Sólo por eso, mira: http://user_g00gle_240394_29_october_2013/fghfd1g4g56df2d1f2a4ff4af1d2/log_out».
La dirección me llevaba a una imagen en la que aparecía yo nuevamente,
pero esta vez en un sitio distinto, parecido a una calle, tal vez una
avenida. Me mostraba como si hubiese sido atropellado. Entonces le
pregunté:
«¿Qué significa esto?».
«Eso no es nada más ni nada menos que la fecha de caducidad de tu cuenta».
«¿A qué te refieres?».
No respondió, así que lo presioné: «Te hice una pregunta, ¡RESPONDE!».
«Bien, g00gle_240394 es tu cuenta. Como puedes notar, si no es que ya lo
has hecho, los números son tu fecha de nacimiento, mientras que
«Google» soy yo. Los ceros significan mi posición, no tengo fecha de
nacimiento, por eso llevo sólo un par de ceros. La URL que te envié y la
que viste en el celular de Vicky no eran más que la fecha de caducidad
de tu cuenta, lo que significa que cuando esa fecha llegue, te pasará lo
que a g00gle_010692 y g00gle120393: sus cuentas caducaron, pero
iniciaron sesión conmigo. Gracias a ti, ellos ahora son, en cierto
sentido, inmortales. ¿No es eso lo que muchos como ustedes, los
mortales, desean?».
«Entonces qué tenía que ver el sujeto que maté anoche, ¿él también tenía relación con todo esto?».
«Digamos que no fue su día de suerte, porque cuando un usuario, como tú
anoche, está a punto de cerrar sesión, tiene la oportunidad de renovar
su cuenta por un tiempo determinado. Ese tiempo es lo que le quede de
vida a alguien más…».
«¿Qué, quieres decir que tomo su vida como en Destino final?».
«No, porque no puedes matar a lo imbécil o a quien tú quieras; debes
matar a quien yo diga. Vicky debía matarte a ti, pero como su noble
corazón no accedió, ella cedió en tus manos, pensando que la ayudarías.
Quién lo diría, ella confió en ti y tú la acribillaste. Usuarios como tú
hay pocos, por eso me agradas».
«Entonces ¿por qué mi amigo intentó matarme y terminó muriendo?».
«Porque es supervivencia del más apto. El día que te conoció debió
matarte para renovar su cuenta, eras su renovación; pero tuviste suerte,
se hizo el listo al querer alejarme en cualquier aspecto. Por eso mismo
después te contacté, para que lo localizaras y cerraras su sesión de
una vez por todas».
«Quieres decir que al igual que Vicky…».
«Era blando, pero tú eres un chico duro, por eso dije que me agradas».
No podía creer lo que ese sujeto me estaba diciendo. Aún tenía dudas, no
todo estaba claro, así que le pregunté sobre el futuro, por qué él lo
sabía:
«Qué hay de tus predicciones, ¿cómo sabes lo que pasará, cómo pasará y demás detalles?».
«Sencillo, porque en realidad no existo, soy sólo una proyección de tus
memorias, recuerdos y futuras imágenes, algo así como un déjà vu.
Si no me crees, recuerda lo que hiciste ese día antes de cambiar de
establecimiento en tu trabajo: en realidad tú ocasionaste ese accidente,
y de alguna manera, en tu mente, ya estaba planeado que todo esto
pasaría. Mira este enlace, un detective incluso nos lleva seguimiento,
pero el muy imbécil aún no sabe cómo trabajamos y cree que yo realmente
existo. Eso querías escuchar, ¿no?.
Al entrar vi que era la página de la policía. Ese archivo hablaba de
todos los homicidios que yo había cometido; al parecer fueron
recuperados los videos, fotos y demás evidencias, pero aún eran casos
sin resolver. Venían las URL de las que Google me habló tanto, y entre
ellas nuestra página y distintas páginas con ventanas emergentes, las
cuales son usadas por trolls en la red. Al intentar acceder eran enlaces
rotos, pero eran las URL que Google me había enviado, de nombres
largos, con números y letras sin sentido. Entre éstas se encontraba la
del video de Vicky; no entré porque no se podía, pero sabía que era el
video, pues había un nombre de usuario en la dirección.
Me sorprendió todo eso y darme cuenta de que, en realidad, Google nunca
habló conmigo ni me obligó a nada. Yo me había vuelto loco, o eso quería
hacerme pensar; pero seguía sin entender por qué había visto a un tipo
encapuchado aparte de mí, y por qué Vicky y mi amigo hablaban de un
«Ellos». Tal vez se referían a esos tipos encapuchados. No recuerdo
haber hecho algo para ocasionar ese accidente en mi antiguo empleo,
además, las conversaciones borradas y esas trampas… las hizo desde el
inicio.
Pero pensar en esto no me sirvió, no obtuve respuesta alguna. Decidí
entregarme, así podría conseguir respuestas, pero antes busqué al
detective de la página con la esperanza de que él supiera algo de
Google.
Mis cuartadas para evidenciar que yo no era el asesino y demás pruebas
me salvaron de ir a prisión. Tuve, en algún sentido, la suerte de
terminar en un manicomio.
Al menos sólo estuve ahí por poco tiempo, nadie me explicó bien por qué
me dejaron salir en enero del año siguiente, siendo que mis crímenes
debieron llevarme a una vida encerrado en ese lugar o una cárcel, aun
siendo menor. Al fin sentía que estaba a salvo, pude olvidar, o al menos
ignorar todo. El detective creía en mí y me apoyó en todo ese tiempo;
recuerdo que en nuestra última charla estaba muy enojado y algo
neurótico, quería al asesino y yo era el único sospechoso capturado.
Entonces, bajo toda esa presión, recordé algo.
—Mi laptop…
—¿Cómo?
—Las evidencias, todo está en mi auto. No sé de dónde apareció la
cámara, al igual que mi laptop debía estar arrumbada, pero ahora que lo
recuerdo, jamás la vi. No estaba en la caja, no, la tenía mi hermana…
—¿Evidencia?
—Lo escribí, tengo la entrada, él no lo sabe. Está en mi laptop; jamás
le conté sobre esto a nadie, pero me prometí que quien pudiera ayudarme,
podría saberlo.
—¿De qué hablas, hijo? —Su actitud cambió radicalmente, y me propuso un
trato—. Espera, ¿quieres decir que cooperarás para cerrar este caso?
Ayúdame y yo te ayudaré a ti, puedo sacarte, pero debes probármelo todo.
Recuerdo que escribí un pequeño diario, algo así como una bitácora en mi
estancia en el hotel, pero todo quedó guardado en mi laptop y una
página que creé con todo ese tiempo libre. De alguna manera sabía que
Google no accedería a ésta, pues hice todo lo posible para ocultársela.
Escribí todo esto en caso de que alguien creyera en mí y me pudiera
ayudar. La única persona aparte de mí que sabía de esto ahora era el
detective, pues, para empezar, no tenía mucho contacto con mi familia
desde el día en que me emancipé. A decir verdad… no tenía mucho contacto
con muchas personas. Salí de ese lugar, pero no supe bien por qué.
El día de hoy estaba en mi trabajo, de nuevo en un cibercafé. Entonces
un sujeto, que se presentó como el abogado que logró sacarme del
manicomio, entró al lugar y me dijo que jamás tocara el tema con el
detective de nuevo, si no quería que lo suspendieran de por vida. Me
entregó una tarjeta y se fue. Salí con la tarjeta en la mano y la miré,
era una tarjeta en blanco, y del otro lado sólo decía «g00gle_220175».
No me lo podía creer, pero en ese preciso momento entré y vi un mensaje
en la computadora.
«Me eres muy útil, no podía dejar que te pudrieras en un manicomio o cualquier calabozo… ¿Estás listo para lo que viene?».
Quería ignorarlo, pero aún dudaba: en este nuevo trabajo, la máquina del
administrador, es decir, en la que yo estaba, era reconocida como la
famosa «PC 0», la máquina desde la cual Google comenzó a hablar conmigo
por primera vez. Por lo tanto, si era yo mismo, estaba loco desde un
principio y por eso el día que le pregunté en dónde estaba, me dijo que
estaba justo en donde yo estaba. Sin embargo, el detective me mostró
pruebas de su existencia.
Lo único que hice fue chatear de nuevo con él. Estaba muy confundido, y respondí:
«¿Quién eres en realidad? ¿Por qué me confundes de esta manera? Si eres
yo, ¿por qué eres tan inhumano? Yo jamás podría estar tan enfermo. ¿En
dónde estás en realidad? ¡DIME LA VERDAD!».
«Muchas preguntas como para llevar tanto tiempo de conocernos, ¿no lo crees? ¿No crees que eso ya lo deberías de saber?».
«¡Sólo respóndeme!».
«¿Qué quieres oír?».
«Para empezar, ¿por qué me sacaste del manicomio? Si es que en realidad fuiste tú quien lo hizo».
«Ese detective es una molestia, si te dejaba ahí, lo hubiera echado a perder todo».
«¿Entonces sí eres real? Porque si tú fueras yo, como me hiciste creer… yo jamás hubiera podido salir solo de ahí».
«Digamos que fueron contactos que tenía guardados, pero al igual que tú,
ahora tienen su cuenta y deben estar activos constantemente, a menos
que quieran ser dados de baja… de por vida».
«¿Entonces sí hay muchos más?».
«Claro. Como te mencioné el día en que empezamos a conocernos, muchos
son ricos y poderosos sólo por hacerme caso. Con sus sacrificios, por
supuesto, pues nada es gratis en esta vida. Unos más sólo fueron
registrados para hacerme un par de favores, algunos otros siguen
sirviéndome. Los mejores y más afortunados cerraron sesión, para después
iniciarla en nuestra página, y así ser inmortalizados».
«Eres real, no estaba loco, ¿eres ese encapuchado?».
«Me has tenido frente a ti más de una sola vez. Así como tengo muchas
páginas, también tengo millones de usuarios. No eres único, pero sí de
los más útiles».
«¿Y por qué me hiciste pensar que eras yo?».
«Sólo te diré una cosa: Mi humanidad empieza donde termina la tuya».
Se desconectó, y salí a fumarme un cigarrillo para calmar mis nervios.
Noté que la calle en la que estaba era exactamente la misma de la foto
de mi muerte, y al otro lado de la calle había un sujeto encapuchado.
Con algo que parecía un celular entre sus manos. Me sonrió de manera
grotesca y se fue. Esta vez no sentí miedo, ni decidí hacer nada, pues
nadie a mi alrededor lo hacía. Al parecer, nadie notaba su presencia,
que poco a poco desaparecía. No hice nada, después de todo, ahora no era
más que una marioneta. Con menos dudas en mi cabeza me sentía más
tranquilo, tal vez sólo era momento de esperar para ver qué pasaba. No
sé si todo esto ha sido real o producto de mi imaginación, lo que sí sé
es que, por lo que he pasado, lo más probable es que si no hago lo que
se me ordena, el que tendrá que cerrar sesión… seré yo. Pero yo… debo
seguir conectado.
…
Todo esto fue sacado de un reporte del detective que ha seguido el caso
de manera no oficial por más de siete años. En el reporte también están
archivados los distintos casos de otros usuarios y varias anotaciones
del detective, como de los homicidios sin resolver y la existencia de
usuarios desde que Google comenzó a volverse un buscador famoso hasta la
fecha. Por ahora no es un caso olvidado, el detective encontró este
archivo en un sitio llamado «nuestra_pagina.com». En éste se encuentran
varios escritos parecidos, acompañados de videos al final en los que se
muestra cómo cada uno de los usuarios ha «cerrado sesión» de manera
explícita. Todos los usuarios cuentan con el nombre «g00gle» acompañado
de su fecha de nacimiento, y en los videos se agrega la fecha de su
muerte. La página también contiene imágenes y videos de distintos
homicidios que son casos sin resolver.
El detective encontró la página con dificultad, pues las URL de cada
video, imagen o escrito cambian una vez que han sido vistos. Las
ventanas se cierran automáticamente, y aunque se copie la URL, al
intentar reingresar a ella el buscador no encontrará nada. El escrito
anterior fue copiado y pegado por el detective como evidencia, y éste
afirma, por las fechas desplegadas en el sitio, que el autor de dicho
escrito es el único usuario que sigue con vida. Ya que el detective pudo
tener contacto con el usuario g00gle_240394 cuando éste estuvo
internado en el manicomio, todavía no se da por vencido. Tras su
desaparición sólo tuvo contacto con él por sus entradas en línea. Por
ahora se le busca como el único y principal sospechoso, de nuevo.
La página es difícil de encontrar, pues sólo puede encontrarse con
Google, escribiendo «nuestra_pagina.com». Pero para encontrarla no basta
con dar clic en alguna de las primeras opciones que el navegador nos
da, ya que éste sabe ocultarla a la perfección.
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Buenas noticias desde unlimitedhackersnetwork '' '' '' '' '
ResponderEliminarAcabamos con una tarjeta programada. Que también se conoce como tarjeta de cajero automático en blanco. Esta tarjeta está diseñada de manera que puede romperse en cualquier cajero automático y usted será capaz de recoger dinero en efectivo bien, dependiendo de su ubicación y de la moneda. Para cualquier país $ utilizando el máximo es de $ 5000 por día, eso es lo que se puede retirar. Es muy fácil de usar y no es detectable, y no se puede detectar por alguna de las cámaras de CCTV. Todo lo que hacemos aquí es dar esta tarjeta a personas de mentalidad graves que están dispuestos a asumir el riesgo de hacer buen dinero en efectivo. Todo el se requiere de usted es ponerse en contacto con nosotros hoy y dará a conocer la toda la información que necesita saber acerca de esta tarjeta. Nuestro correo electrónico es unlimitedhackersnetwork@gmail.com